De cerrar el mes en 15 días a cerrarlo al día siguiente: el caso de una comercializadora
No se cerraba tarde porque la contabilidad fuera complicada. Se cerraba tarde porque el mes terminaba y ahí empezaba el trabajo: meter las compras y conciliar los bancos.
Este no es un caso de un cliente. Es el nuestro.
Contafir nació dentro de una comercializadora de repuestos que mueve unas 50 facturas diarias — cerca de mil documentos al mes entre lo que se vende y lo que se compra. Y durante años tuvo el mismo problema que tienen casi todas las empresas de ese tamaño:
El cierre del mes tardaba casi 15 días.
Es decir: los números de enero se sabían a mitad de febrero. Para cuando había un estado de resultados sobre la mesa, la mitad del mes siguiente ya había pasado y las decisiones ya se habían tomado — a ojo.
Hoy el cierre está listo al día siguiente.
Por qué se demoraba de verdad
Aquí está lo interesante, y no es lo que uno supone.
No se demoraba porque la contabilidad fuera complicada, ni porque faltara gente, ni porque el programa anterior fuera lento. Se demoraba porque el mes terminaba y ahí empezaba el trabajo.
Dos tareas se lo comían casi todo:
1. Meter las facturas de compra a mano
Cada factura de proveedor se tecleaba: el tercero, cada renglón, el IVA, la retención, la cuenta por pagar. Con ese volumen, es una persona dedicada.
Y lo peor no era el tiempo: era que se hacía después. Durante el mes las facturas se acumulaban en una carpeta, y el costo real de lo vendido no se sabía hasta que alguien terminara de digitarlas.
2. Conciliar los bancos a mano
Renglón por renglón, extracto contra libros. Varias cuentas. Una tarea mecánica que nadie quiere hacer y que, por eso mismo, se deja de última — y se hace justo cuando ya hay afán por cerrar.
Sumadas, esas dos tareas explicaban la mayor parte de los 15 días. No eran tareas de contabilidad: eran tareas de digitación disfrazadas de contabilidad.
Qué se automatizó, y en qué orden
El orden importa, porque no todo rinde igual.
Primero: las compras. Cada factura electrónica que le emiten llega con un XML que ya trae al proveedor, los renglones, el IVA y los totales. Se dejó de teclear: se sube el archivo, el sistema identifica al proveedor y propone los productos, y usted confirma. Esto fue lo que más tiempo devolvió.
Segundo: las ventas, causadas al momento. Cada venta arma su asiento cuando ocurre: baja el inventario, sale el costo, entra la plata a la cuenta que corresponde y la comisión del datáfono queda en su propio renglón. Al final del mes no hay nada que contabilizar — ya está.
Tercero: los bancos. Se sube el extracto y el sistema cruza lo que empareja. Lo que queda es la lista corta, que es la conciliación de verdad.
Cuarto: los gastos que se repiten. Arriendo, servicios, cuotas. Programados una vez, se causan solos en su fecha.
Lo que cambia cuando el cierre deja de ser un proyecto
Lo evidente es el tiempo. Pero hay tres cosas que rinden más y que no se ven en el reloj:
Los números sirven para decidir. Saber la utilidad del mes pasado el día 15 del siguiente es un dato histórico: ya no se puede hacer nada con él. Saberla al día siguiente es una herramienta.
Los errores se ven de una. Cuando todo se digitaba al final, un error de dedo del día 3 aparecía el día 40 — y para entonces nadie recordaba esa factura. Ahora, si algo está raro, está raro hoy.
El IVA descontable deja de perderse. Una factura de compra que se traspapeló es IVA que se pagó y no se descontó. Con las compras entrando desde el archivo, lo que falta se nota.
Lo que sigue siendo trabajo humano
Vale la pena decirlo, porque la palabra "automático" se usa con mucha alegría.
Nada de esto decide por usted. El sistema propone el proveedor y los productos; una persona confirma. El sistema cruza el banco; una persona resuelve lo que no emparejó. El sistema causa la venta; una persona revisa que el catálogo esté bien.
Lo que se eliminó es la digitación, que es donde estaban las horas y los errores de dedo. El criterio contable no se automatizó, y no debería: es justamente lo que hay que tener tiempo de hacer.
Contafir no es una demostración: es el sistema con el que operamos nuestras propias empresas. Cuando algo no funciona, nos enteramos el mismo día — porque nos pasa a nosotros. Si quiere ver estos números con sus propios datos, la prueba incluye la carga de su catálogo y sus saldos.
Esto ya lo hace Contafir por usted
Factura ante la DIAN, causa la venta y deja el inventario al día sin que nadie vuelva a teclearlo. Pruébelo con sus propios datos.
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