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Cotizaciones, encargos y facturas por WhatsApp: el ciclo que no se pierde

·4 min de lectura

La venta no se pierde cuando el cliente dice que no. Se pierde en el silencio entre la cotización y la respuesta, y en el encargo que llegó y nadie avisó.

Casi todo negocio que vende bajo pedido tiene el mismo agujero, y casi nunca lo mide.

Un cliente pregunta por algo. Alguien le arma una cotización, se la manda por WhatsApp como una foto o un PDF, y ahí se acaba el rastro. Si el cliente responde, bien. Si no responde, nadie sabe si la vio, si le pareció caro o si simplemente se le olvidó.

Y el segundo agujero, que duele más: se encarga la mercancía, llega a la bodega, y nadie le avisa al cliente. Se queda en el estante hasta que el cliente vuelve a preguntar — si vuelve.

El problema de la cotización que se manda como foto

Una cotización enviada como imagen o PDF tiene tres defectos que no se notan hasta que se suman:

No se sabe si la vieron. Y no es lo mismo perseguir a alguien que no la abrió que a alguien que la abrió tres veces y no responde. Al segundo hay que llamarlo hoy.

No se puede aceptar. El cliente tiene que escribir "listo, la tomo", y esa respuesta se pierde entre cien conversaciones.

Se queda vieja. Si el precio cambia, el PDF que el cliente tiene en el celular sigue diciendo lo de antes. Y él lo va a reclamar, con razón.

Lo que resuelve las tres: mandar un enlace en vez de un archivo. El cliente lo abre en el celular, ve la cotización, y la acepta ahí mismo. Usted sabe que la vio y sabe cuándo la aceptó.

El encargo: donde de verdad se pierde plata

Cuando un cliente encarga algo que no hay en existencia y deja un abono, pasan tres cosas al tiempo, y las tres se manejan mal a menudo:

1. El abono no es una venta. Es plata que le entregaron y que usted todavía debe — en mercancía o devuelta. Contablemente es un pasivo, no un ingreso. Registrarlo como venta infla las ventas del mes y, peor, hace pagar IVA sobre algo que todavía no se entregó.

2. Hay que saber qué se encargó y para quién. Cuando llegue el pedido del proveedor, alguien tiene que saber que esas dos unidades ya tienen dueño. Si no, se venden en el mostrador y el cliente que abonó se queda esperando.

3. Hay que avisar cuando llegue. Este es el paso que más se olvida y el más fácil de automatizar: la mercancía llega, entra al inventario, y el cliente se entera solo.

Los encargos sin aviso son ventas ya ganadas que se enfrían en un estante. No hay que salir a buscar un cliente nuevo: ya pagó parte y quiere el producto.

Por qué WhatsApp y no el correo

Porque es donde la gente lee.

Un correo con la factura adjunta se pierde entre promociones. Un mensaje de WhatsApp se lee. En Colombia esa diferencia no es de matiz: es entre que la factura llegue o no llegue.

Sirve para tres cosas distintas, y conviene no mezclarlas:

  • La cotización, con su enlace para aceptar.
  • La factura, para que el cliente la tenga y no la pida por teléfono.
  • El aviso del encargo, cuando llega lo que pidió.

Tres cosas que sí hay que cuidar

Automatizar el envío no exime de hacerlo bien.

El teléfono, bien grabado. Suena obvio y es la causa número uno de que esto no funcione: números de nueve dígitos, con espacios, o el fijo donde debía ir el celular. Vale la pena limpiar la base de clientes antes de empezar.

No abusar. Cotización, factura y aviso de llegada son mensajes que el cliente espera. Lo demás es publicidad no pedida, y ahí lo bloquean — y con eso pierde también el canal para lo que sí importa.

El consentimiento. Escribirle al WhatsApp de un cliente es tratar un dato personal. Si le pidió el número para contactarlo por su compra, está bien; usarlo para otra cosa, no. [REVISAR: confirmar cómo queda registrado el consentimiento en el formulario de clientes]

Lo que cambia

Deja de haber un embudo ciego. Se sabe cuántas cotizaciones se mandaron, cuántas se abrieron y cuántas se aceptaron. Y con eso se puede mejorar; sin eso, solo se puede opinar.

Los encargos se entregan. El aviso automático convierte mercancía parada en venta cerrada.

El teléfono suena menos. Buena parte de las llamadas de un negocio así son "¿ya llegó lo mío?" y "¿me reenvía la factura?". Las dos se resuelven solas.


En Contafir, las cotizaciones se mandan con su propio enlace —el cliente la ve en el celular y la acepta—, los encargos y anticipos se controlan y se contabilizan como lo que son, y cuando llega lo encargado el cliente recibe el aviso por WhatsApp sin que nadie tenga que acordarse. La factura también se manda por el chat, sin copiar ni pegar nada. Todo esto viene desde el plan Básico.

Esto ya lo hace Contafir por usted

Factura ante la DIAN, causa la venta y deja el inventario al día sin que nadie vuelva a teclearlo. Pruébelo con sus propios datos.

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