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Gastos que se causan solos: arriendo, servicios y cuotas

·4 min de lectura

El arriendo del mes entrante ya se sabe hoy. Volver a teclearlo cada mes durante tres años es teclear la misma información treinta y seis veces.

Hay un montón de gastos en cualquier empresa que ya se conocen de antemano: el arriendo, la cuota del crédito, el plan de celular, el contador, el software, el seguro, el vigilante.

Todos los meses, alguien los vuelve a escribir. El mismo valor, la misma cuenta, el mismo tercero. Durante años.

Es una de esas tareas tan rutinarias que ni se cuestionan — y justo por eso es la más fácil de quitar de en medio.

Qué significa "programar" un gasto

Se deja escrito una sola vez: cuánto, a quién, con qué cuenta contable, y cada cuánto. A partir de ahí, el sistema lo causa en su fecha, con su comprobante, sin que nadie tenga que acordarse.

Lo importante es que no es un recordatorio. No le avisa para que usted lo haga: lo hace. El asiento queda armado.

Qué sí conviene programar

La regla es sencilla: lo que se repite con un valor conocido.

  • Arriendo. El caso perfecto: mismo valor, misma fecha, mismo tercero.
  • Cuotas de crédito. Ojo con estas, que tienen un detalle importante — abajo.
  • Servicios de valor fijo: internet, plan de celular, vigilancia, software, honorarios fijos.
  • Seguros y pólizas, incluso si se pagan por año: se programa el gasto mensual que le corresponde.
  • Depreciación, si la lleva mensual.

Qué NO conviene programar

Aquí es donde la comodidad se puede volver un problema, y vale la pena decirlo claro.

Lo que cambia de valor todos los meses. La luz, el agua, el gas. Si programa la luz por un valor fijo, algún mes va a estar mal — y como se causó solo, nadie lo va a mirar. Termina con una contabilidad que dice una cosa y una factura que dice otra.

La regla de oro: programe lo que ya sabe, no lo que supone. Un gasto programado con un valor inventado es peor que no tenerlo, porque encima se repite solo cada mes.

Lo que puede dejar de existir. Si se acaba el contrato de vigilancia y nadie apaga el gasto programado, va a seguir causándose. Por eso conviene revisar la lista una vez al año — cinco minutos que evitan arrastrar un gasto fantasma.

El detalle de las cuotas de crédito

Esta merece su propio aparte porque es donde más se equivoca la gente.

Una cuota de crédito no es un gasto. Es dos cosas mezcladas:

  • Una parte que abona a la deuda (eso baja el pasivo, no es gasto).
  • Una parte que es interés (eso sí es gasto financiero).

Y la proporción cambia cada mes: al principio casi todo es interés, al final casi todo es abono.

Si programa la cuota completa como gasto, dos cosas van a estar mal a la vez: su utilidad se ve peor de lo que es, y la deuda en el balance nunca baja —queda ahí, congelada, aunque usted lleve dos años pagando.

Lo correcto: pida al banco la tabla de amortización y programe cada mes con su división real. Es más trabajo la primera vez y es la única forma de que el balance diga la verdad.

Lo que hay que revisar aunque se cause solo

Automático no quiere decir "no se mira nunca". Dos revisiones y ya:

Una vez al mes, mirar la lista de lo que se causó. Es rápido —son los mismos de siempre— y es donde se nota si algo se causó dos veces o si un valor cambió y nadie lo actualizó.

Una vez al año, revisar la lista completa: qué sigue vigente, a qué le subieron el precio, qué se acabó.

Lo que cambia

Lo obvio es el tiempo. Pero hay dos cosas que rinden más:

Los gastos dejan de olvidarse. Un gasto que no se causó no aparece en la utilidad del mes, y usted cree que ganó más de lo que ganó. Eso es peor que perder tiempo: es decidir con un número inflado.

El cierre del mes se acorta. Buena parte de lo que se hace al cerrar es, justamente, acordarse de estos gastos. Si ya están, no hay nada que recordar.


En Contafir, "Gastos programados automáticos" viene desde el plan Básico: arriendo, servicios y cuotas se causan solos en su fecha, con su comprobante. Se dejan escritos una vez y se pueden apagar o cambiar cuando el contrato cambie.

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